Joaquín Ma Córdoba "Un caballero español en Isfahan"

La embajada de Don García de Silvia y Figueroa al sha Abbás el Grande (1614-1624)

Parte 2. Algo como una biografía

2. Si no una biografía, algo más que una sombra entre la bruma

Vienen a decir cuantos emprenden la biografía de Don García de Silva y Figueroa, que es notablemente poco lo que se conoce. Y es verdad si nos atenemos al elenco de papeles fechados, pero de la vida de un hombre que sabemos nacido el 29 de diciembre de 1550 en Zafra, bajo el reinado de Carlos V, y muerto a los 73 años de edad, el 22 de julio de 1624 y en la inmensidad del océano Atlántico, cuando ya gobernaba Felipe IV, podemos reconstruir mucho más de lo que cabría suponerse en principio, si a los datos seguros, la documentación de los archivos y la magna amplitud de su obra escrita sumamos las legítimas deducciones que sus cartas y sus recuerdos nos permiten colegir. Y aunque no podamos decir que tengamos un retrato minucioso, sin duda conseguimos recuperar el perfil de un ser concreto, que nos produce la gozosa alegría del que ve surgir de entre las brumas, la imagen del ser querido al que buscaba.

Zafra. La fortaleza AlcázarZafra. La Plaza Grande


Una cierta nobleza en su origen se advierte, como hijo de Don Gómez de Silva y Doña María de Figueroa, emparentados con los condes de Zafra, y al ser su padrino Don Pedro Fernández de Córdoba, conde de Feria, y su madrina la hija del mismo conde Doña Catalina.

Hasta su toma de posesión como corregidor de Jaén el 7 de marzo de 1595, todavía al menos ignoramos cualquier otro documento que le cite, pero los 46 años con los que entonces contaba, la fácil concesión real del cargo, la autoridad puesta en su gestión, la eficacia demostrada en asuntos militares y cuanto luego apuntaremos, revela que las antiguas atribuciones puestas en duda -que había sido paje de Felipe II, estudiado leyes en Salamanca y servido en los Tercios de Flandes-- no tienen por qué ser inciertas: el mayor de varios hermanos y protegido de un Fernández de Córdoba podría haber sido paje, estudiado leyes y desde luego marchado como tantos otros a Flandes.

Es obvia su profunda cultura y su dominio de lenguas -al menos y perfectamente, el latín y el italiano-, sus buenas relaciones en la corte y la necesidad en que se encuentra acaso a su vuelta a España —como sabemos de tantos otros hidalgos y soldados en Flandes, Italia o Alemania-, y puede que al igual que otros muchos pidiera merced de un cargo que sus orígenes y buenas relaciones en la Corte debieron facilitar, y al mismo rey Felipe II y ya como corregidor en Jaén, es seguro que demandó ayuda en las apreturas de su mayorazgo con hermanos a cargo.

Universidad de SalamancaCastillo de Jaén


En el fondo, una biografía muy común entre la pequeña y media nobleza de la España de los siglos XVI y XVII, por tanto perfectamente defendible incluso con los parcos datos disponibles. Sus buenas dotes militares y su energía y capacidad organizativa se demostraron en la puesta a punto de una fuerza armada contra los ingleses en 1596, y en la buena dirección y adiestramiento que él mismo encabezó.

Y aunque la provisión del cargo de corregidor solía ser anual, Don García permaneció dos años en el mismo, lo que revela que sus servicios administrativos y militares fueron bien estimados, y que debía contar con una cierta protección en la corte.
Ignoramos a dónde fue después, pero las antiguas semblanzas dicen que prestó servicios en la Secretaría de Estado, lo que pudiera haber hecho tras su cese como corregidor en los primeros meses de 1597 o algún tiempo después, acaso una vez ordenada la economía de su mayorazgo.
El caso es que en 1609 estaba en Madrid, y el marqués de Velada, Mayordomo Mayor y del Consejo de Estado, le consultó sobre los supuestos descubrimientos geográficos de Lorenzo Ferrer Maldonado, lo que indica a mi parecer dos cosas: que personal, administrativa y políticamente estaba muy cercano al Consejo de Estado, y que sus conocimientos geográficos eran estimados hasta el punto de tener valor de dictamen facultativo. Y es lo cierto que como se podrá leer luego en el relato de su viaje, además de manejar personalmente todo tipo de instrumentos, su visión del mar, las estrellas y las tierras es la de un geógrafo y cosmógrafo.

Lorenzo Ferrer MaldonadoDiscusión del reporte de Maldonado


Así las cosas nos encontramos con que tras las embajadas de Anthony Sherley, los frailes agustinos y Don Luis Pereira, las gestiones de Fray Antonio de Gouvea, los movimientos de Robert Sherley y la necesidad de prevenir las ambiciones iraníes sobre los presidios portugueses y relanzar la antigua alianza contra el turco, el Consejo de Estado se reunió el 2 de octubre de 1612, ante la necesidad de enviar al sha Abbás una gran embajada de calidad y del más alto rango. Y sin duda el largo historial que intentamos reconstruir, que trasluce nobleza, madurez diplomática y política, amplios y variados conocimientos y un evidente reconocimiento en la corte, explica el nombramiento de Don García de Silva y Figueroa, que a sus sesenta y dos años cumplidos aceptó por su misma mano el 19 del mismo mes. La preparación de la embajada fue larga y fatigosa, en gran medida por la mala voluntad del Consejo de Portugal -dolido por la elección de un castellano-, dándose así inició a la que sería causa mayor de los retrasos sufridos por el embajador, la ineficacia misma de la embajada y el calvario que hubo de soportar en su relación con virreyes, oficiales y frailes portugueses hasta su tan tardía y nunca alcanzada vuelta a España, diez años después de su salida.

Pero el caso es que con la constancia y previsión de la dignidad e importancia que la gestión encomendada precisaba, Don Garcia consiguió hacerse a la mar en abril de 1614. Y pese a todos los sabotajes y desplantes alcanzó a entrevistarse con el sha Abbás de Irán en 1618, mantuvo una constante remisión de informes dirigidos al rey, escribió una maravillosa relación de su viaje, descubrió que Chilminara había sido Persépolis y los signos cuneiformes escritura de los antiguos persas, contempló y describió la cultura del Irán y sus costumbres, monumentos y paisajes, y se reveló como uno de los más humanos, curiosos, capaces y valerosos hombres de su tiempo.
Mas la fortuna no quiso que llegara a volver a España, como tanto ansiaba, pues murió en alta mar el 22 de julio de 1624, cuando casi se sentían los vientos y corrientes que llevaban a la península. Y si su semblanza se cierra así, creo yo que si no una biografía, algo más tenemos que una sombra entre la bruma.

(continuará)